NACIONAL

Domingo 18 de Junio de 2006

Los informes médicos que consideró el juez para condenar a Alejandro Shayman:
Impactante bitácora de maltrato a Tamara

El padre dice que la niña tenía una dolencia, pero los facultativos aseguran que nació completamente sana.

A. ALFARO y C. VALENZUELA

Tamara Shayman Kychenthal nació el 12 de noviembre de 1995, por parto normal, en la clínica Alemana de Santiago y pesó 3.190 gramos. El diagnóstico del médico tratante, Jacob Cohen, fue certero: "recién nacida normal".

Así consta en el informe contenido en el expediente judicial, elaborado por el Dr. Lionel Grez Labbé, pediatra forense, que es parte de los antecedentes que el 12 Juzgado del Crimen tuvo a la vista para condenar a Alejandro Shayman, padre de la menor, a veinte años de presidio como autor de lesiones gravísimas en su contra. Éste apeló y la Corte de Apelaciones deberá revisar el caso.

Alejandro insiste en que las lesiones que sufrió su pequeña hija se debieron a una "enfermedad cromosomática congénita ligada a los músculos y el esqueleto", pero el expediente judicial dice lo contrario.

Tamara murió 6 años después de que fuera descubierto el maltrato del que era víctima, que la dejó ciega y con daño cerebral permanente a partir de los 4 meses de edad.

Hitos del maltrato

El informe del Dr. Grez indica que a los 16 días de vida, el 1 de diciembre de 1995, la pequeña Tamara fue trasladada a la clínica Las Condes, donde se le diagnosticó "rectorragia o hemorragia anal, producida probablemente por un tipo de alergia a la leche materna".

Al mes de nacida, 12 de diciembre de 1995, se le realizó el primer control médico pediátrico, en el que se constató que Tamara pesó 4.200 gramos, calificado como "un buen aumento de peso, normal para su edad".

El 16 de enero de 1996, Tamara fue una vez más trasladada a la clínica, pero esta vez fue derivada a la Dra. Julia Cofré, dermatóloga que debía determinar a qué se debían las "lesiones pigmentadas y grietas" que tenía en el cuello. Además, la menor presentaba "secreción en el conducto auditivo externo izquierdo", por lo que también fue atendida por un otorrinolaringólogo.

Todavía no se sospechaba de maltrato, pero el Dr. Cohen ya notó cambios en la personalidad de la bebé: "Presenta un aspecto triste, poco interesada en el ambiente, no sonriente, poco activa".

Después de diversos exámenes, se pensó que las lesiones que Tamara tenía en el cuello se debían a una "vasculitis", inflamación de los vasos sanguíneos producto de una alergia. El doctor Tomás Walter realizó los exámenes, que arrojaron resultados normales, salvo por "una alteración no específica en la capacidad de agregación plaquetaria", pero que también podría presentarse en niños normales.

Entre el 16 y el 22 de febrero de 1996, Tamara presentó una lesión ulcerada en la lengua y en el rafe del periné, zona que va desde la vagina al interior del ano. Esta vez fue derivada al inmunólogo doctor Benito González, que le diagnosticó una "enfermedad muco cutánea de tipo vasculítica".

Luego se le descubrieron lesiones debajo de las uñas en los dedos de la mano.

Los médicos estaban confundidos, por lo que el 5 de marzo, la Dra. Cofré llamó a una reunión plenaria de la Sociedad Chilena de Dermatología para poder descifrar el síndrome que padecía la pequeña.

Les pidieron una autorización a los padres de Tamara para poder hacerle una biopsia que determinara definitivamente la causa de sus lesiones. Pero la primera reacción fue de rechazo. En el informe consta que aceptaron sólo después de mucha insistencia. La realizaron en el hospital clínico de la Universidad Católica y con ella se descartó la vasculitis. Posteriormente, un examen oftalmológico determinó que Tamara presentaba "hemorragia retiniana", que probablemente la dejaría ciega y fue determinado como "un hallazgo característico de maltrato infantil".

Esta seguidilla finalizó el 28 de marzo de 1996, cuando Tamara tenía 4 meses de edad y presentó "evidencias incontrarrestables de maltrato": hematuria (sangre en la orina), crisis convulsivas, paro respiratorio, hematoma intercraneano subdural extenso, hemorragia interhemisférica extensa y hemorragia intraparenquimatosa bilateral, fractura de cráneo, costillas y piernas, y periostitis cálcica, calificada por los médicos como "sugerente de intento de fracturar las piernas que no se logra por la elasticidad que tienen los huesos a esa edad". Ese día cayó en coma producto de un daño cerebral permanente y definitivo, y de una hidrocefalia, "correspondientes inequívocamente a maltrato infantil". Seis años después, en 2002, murió de neumonía.

El doctor José Belletti, anátomo-patólogo y médico criminalista asesor de la Brigada de Homicidios, determina que "las fracturas de Tamara son de diversa antigüedad, tanto en las costillas como en las extremidades, lo que habla de un acto repetitivo en el tiempo y que tenía una progresión en la intensidad de la energía aplicada para ejecutarlas. De hecho, la aparición de lesiones hemorrágicas intercraneanas así lo demuestran".

Conducta agresiva

En el informe judicial existen pruebas que establecen que Alejandro Shayman ya había demostrado rasgos agresivos incluso antes de casarse y que ha intentado quitarse la vida en al menos dos ocasiones. Willy Andrés Kychenthal Bad, uno de los tíos maternos de la pequeña Tamara, relata: "Una vez tuve que ir urgente a la casa de mi hermana porque Alejandro había intentado suicidarse con diazepam. Cuando llegué estaba muy alterado y me encontré con mi hermana agredida y con el perro (poodle) agredido. Marianne llevó al perro al veterinario y tuvieron que dejarlo internado con múltiples fracturas, y yo me llevé a Alejandro a la clínica Alemana para que le hicieran un lavado de estómago". El informe psiquiátrico de Alejandro Shayman indica que posee "personalidad limítrofe alta".

La actual vida del padre acusado

El ciudadano boliviano Alejandro Shayman, único condenado por las lesiones gravísimas que causaron la muerte a su hija Tamara, reconoció que la espera por la resolución que le dio 20 años de presidio estuvo lejos de ser agradable. "Es una espada de Damocles que tuve que vivir todos los días", sostuvo.

Actualmente el publicista, quien hoy se dedica a los negocios, no tiene la residencia definitiva, lo que aseguró le ha hecho aún más complejo llevar su vida.

"Yo me estoy salvando, porque el Estado chileno, a través de Extranjería, me ha negado la posibilidad de tener carnet de identidad, sólo tengo una credencial provisoria. Sin carnet no puedo manejar, no puedo abrir una compañía, no puedo pagar mi isapre, no puedo hacer nada. He tenido que ser malabarista para sobrevivir", dijo en conversación con El Mercurio.

En lo familiar, no ha tenido contacto con su hijo Tomás, quien nació mientras estuvo detenido, así como tampoco pudo volver a ver a Tamara cuando recuperó la libertad, en 1998.

Actualmente tiene pareja, con la que comparte un negocio. "Tengo una mujer, a la que quiero mucho, nos respetamos mucho los dos. Tenemos un negocio en conjunto. No hay hijos", relató.

"Ambos estamos amargados", afirmó, pero precisa que no está abatido. "Si lo estuviera no podría defenderme. Aquí los tipos golpean pero hay que volver a pararse. Son diez años que la prensa me ha golpeado, cuando entré preso, la vez que la Tami falleció. Ahora yo sigo adelante", aseveró.

"Yo sé que la Tami tenía un problema a los huesos y a la sangre, yo lo sé. De que se demuestre y que se cambien las cosas, eso lo dirá la justicia", agregó.

ARGUMENTO

SHAYMAN dice que la niña tenía una enfermedad genética, pero estudios lo desmienten.


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Los médicos aseguran que la madre, Marianne Kychenthal, no sospechó el drama que vivía la pequeña.
Los médicos aseguran que la madre, Marianne Kychenthal, no sospechó el drama que vivía la pequeña.
Foto:EL MERCURIO
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